sábado 3 de diciembre de 2011

La vida en un viaje.

Hay pocas cosas mejores que observar lo que ocurre dentro de los autobuses urbanos. Muchos otros prefieren mirar hacia afuera por esas grandes ventanas, que con su amplitud pretenden desahogar un congestionado y estrecho habitáculo de cualquier otra forma inhabitable. Pero lo que ocurre dentro de ellos, los que se sientan en sus asientos y se agarran en sus curvas y frenazos, son misterios sin solución cuyas respuestas sólo las proporciona una imaginación humana. Allí están todos. La señora aferrada a su bolso y a su abrigo de pelo. El hombre del traje gris, que apenas puede sostenerse en los acelerones bruscos, y que no pide un sitio esperando a que el chaval de los auriculares fosforescentes se dé cuenta de que lo necesita. La niñera, ya en sus treinta, con los gemelos de uniforme cuyos padres, próspero empresario él y alta ejecutiva de pelo recogido ella, apenas recuerdan el nombre de la chica que educa a sus criaturas. La dulce estudiante de magisterio, con el pelo negrísimo a lo garçon, de mirada inquieta y sonrisa tímida, sin parar de escribir en su móvil. La mujer extranjera hablando a gritos por teléfono en un idioma incomprensible, seguramente portugués, que hace que la señora del otro lado del pasillo la mire de reojo con una mueca retorcida de desaprobación. Los compañeros de clase desde hace años que critican a sus profesores, sabiendo que uno de ellos viaja al fondo del autobús intentando pasar desapercibido tras un grueso abrigo parduzco. La veinteañera cotorra y cargante que aburre a su compañera de trabajo con un millón de argumentos que intentan reforzar la injusticia y la caradura de una indignante situación con una tercera chica, que tendrá dolor de oídos durante semanas. Están todos, incluido el trabajador de la compañía de transportes, que viaja delante junto al conductor, hablando de lo mal que está el asunto, y de la nueva remesa de chicas que han entrado a trabajar en las oficinas de la empresa. Todos. La vida misma, en su expresión más humana, que se rinde al ritmo de una respiración profunda y una canción sencilla. Un motivo más por el que la vida sigue siendo belleza, en todos sus momentos.




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